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16 septiembre 2016

Reparando alas.



La claridad reinante en este nuevo tiempo nos ha vuelto a todos muy conscientes de que poseemos un maravilloso par de alitas que hemos fortalecido, entrenado y ajustado para alzar el vuelo.

Se diría que nadie nos ha regalado estas alas. Nacimos con ella en el nivel energético… poco a poco nos atrevimos a manifestarlas en la vida cotidiana dejando atrás el miedo y la vergüenza, dos energías  de la vieja era pisciana que ahora han quedado obsoletas… Es más preciso decir que conquistamos nuestro propio par de alas. Son las alas del despertar, de la liberación de creencias limitantes, de pensamientos castradores, de energías paralizantes… Son alas de libertad, de confianza en uno mismo, de felicidad por descubrirnos, de gozo por Ser y estar aquí… de Amor.

Ser libre y darte cuenta de que tienes alas son uno solo… y cuando empiezas a usar tus alas de pronto ves como éstas pueden debilitarse, quebrarse,  soltarse y romperse, porque te estrellas contra el muro de la discriminación, de la intolerancia, de la falta de amor y respeto por el prójimo… Te paralizas en la frontera de las críticas, de la envidia, del desamor, de la carencia, de la discriminación… Hay un mundo allá afuera que sigue durmiendo acunado por el sistema y bajo el arrullo de los miles de distractores que han creado para mantener tu atención presa del “afuera” y no conozcas el paraíso que es vivir desde “dentro”… y siguen en ese sueño profundo que les mantiene convencidos que su único fin en esta vida es ser “buenas personas” y muy productivos...

Pero tú, que has despertado y te lanzaste en vuelo al descubrir que llevas el poder dentro de ti, que nada puede detenerte, que eres el artista que modela y da color a su vida, de pronto sientes que tus fuerzas no alcanzan, caes y te encuentras con las alas rotas… decepcionado… abatido y sin ánimos para volver a elevarte y, lo que es aún peor, sin motivaciones para reiniciar vuelo… Entonces es tiempo de reparar alas…

Cuando las alas se rompen perdemos la esperanza. Caemos en una especie de desencanto. Nos cuesta estimularnos para seguir… y es que una vez que hemos probado la libertad se hace difícil retornar a la cárcel.

Reconocernos libres, descubrir que estamos aquí en este mundo para cumplir una misión le dan poder a nuestras alas… ¿Quién no ha sentido deseos de volar cuando conecta con su poder intrínseco? Muchos se sintieron tan libres que dejaron sus casas, cambiaron sus nombres, abandonaron una vida a sueldo, por correr tras sus sueños y los perdimos de vista porque se elevaron tan alto batiendo sus alas… de pronto los vemos planeando cerca nuestro y son esos a quienes llamamos locos…

Y es que hay que estar un poco –o muy– loco para cortar las cadenas y lanzarse en vuelo porque al sistema no le gusta ni le conviene que abandones tu zona de comodidad (más bien la zona de confort de ellos) y te despreciarán, te perseguirán y te crucificarán de mil maneras…

Solo aparecen las alas a quienes descubren la magia del amor propio. Amor por lo que Yo Soy y no por como soy o lo que represento… Amor por esa divinidad emanando desde mi hacia ti y desde ti hacia mi… Amor por todo lo que veo y lo que toco. El amor es solo uno y no importa a quien lo des no cambia en esencia. Puedes amar a muchos seres y siempre sentirás el mismo Amor por todos… lo demás es apego.

Toda la potencia que tienen tus alas se llama Amor. Amor por ti mismo, amor por ese SER que eres tú y que es a quien tuviste descuidado por mucho tiempo. El reencuentro con nosotros, ese abrazarnos para reconocernos, aceptarnos, honrarnos y empezar a cuidarnos nos hace crecer unas alas enormes, aptas para todo tipo de vuelo… Y solo cuando estamos llenos de Amor podemos amar a otros. Nadie está en capacidad de dar lo que no tiene y solo cuando te repletas de una buena cantidad de amor propio fortaleces tus alas. Estar con alguien a quien brindas toda tu atención no es amor. Puede ser escapismo, refugio, apego… porque el amor no atrapa, no genera dependencia, no encarcela… El amor te libera y tonifica tus alas.


Entonces... Bríndate todo el Amor que puedas (nunca es demasiado). Regálate tiempo, espacio y concédete mimos de todo tipo. Permítete fluir desde el corazón y relaciónate con las personas de alma a alma. Dale vacaciones a tu ego y llámalo solo en casos de extrema necesidad… Tú ya puedes caminar solo… Siéntete merecedor de todo lo bueno y bello de este mundo. Puedes alcanzar las metas que te propongas con el deseo y la voluntad puesto en ello.

Convéncete que no viniste al planeta a caminar, menos a arrastrarte… Estás aquí para volar…

Así que levántate… ese solo gesto reparó totalmente tus alas. Ahora, ajústalas con tremenda dosis de autoestima, muévelas… Notarás que tus alas crecieron más, se volvieron más fuertes y resistentes… Entonces estás listo para volar.

Te espero allá arriba, en el alto cielo… Donde me fusiono con el viento y puedo ver todo con mayor claridad y pureza…

¡Feliz vuelo!

En Amor y Conciencia.

por Mer Vivar


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