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01 febrero 2026

El clarividente Denis Tyasto: por qué la Tierra elige quién sobrevivirá en la era de los cataclismos.

 


En los últimos años, la humanidad ha enfrentado cada vez más inundaciones, incendios, terremotos y huracanes devastadores. Estos acontecimientos parecen caóticos e implacables, pero el clarividente Denis Tyasto afirma que hay un profundo significado energético detrás de lo que está ocurriendo. Según él, el planeta está atravesando un periodo de reestructuración a gran escala, y cada persona ya está tomando la decisión de qué escenario vivir más adelante.

Los cataclismos como lenguaje de la Tierra.

Denis Tyasto considera los desastres naturales no como fenómenos aleatorios, sino como una forma de descarga de la tensión acumulada. La humanidad, según él, ha estado acumulando agresividad, miedo, resentimiento y emociones reprimidas durante décadas. Esto ha creado un potencial colosal en exceso que no puede existir indefinidamente.

La Tierra, como sistema vivo, se ve obligada a equilibrar este sobreesfuerzo a través de cataclismos, guerras y convulsiones sociales. Las personas se encuentran en el epicentro de los acontecimientos no por casualidad: cada territorio atrae un determinado estado emocional, y una persona elige inconscientemente dónde vivir su crisis interior.

Por qué unos sobreviven y otros desaparecen.

En la práctica de Denis Tyasto, hay ejemplos que son difíciles de explicar lógicamente. Cuenta la historia de una mujer que de repente sintió la necesidad de ir a casa del trabajo y empezar a meditar. En ese momento, un tornado destruyó todo su pueblo, pero su casa y varios otros edificios permanecieron intactos. Según la clarividente, el factor clave era su estado interno. Llevaba mucho tiempo trabajando consigo misma, sabía cómo descargar la tensión y oír el cuerpo.

Tästo enfatiza que las personas que están en conflicto interno constante tienen muchas más probabilidades de encontrarse en zonas de destrucción. Su campo emocional literalmente atrae una descarga. Quienes se dedican a la autoobservación y la armonización interna evitan desastres o los atraviesan con pérdidas mínimas.

Los continentes y el destino del ser humano.

Denis Tyasto presta especial atención al tema de la mudanza. Sostiene que diferentes continentes y regiones tienen distintas vibraciones. Las personas se mueven por una razón: el cuerpo las lleva a lugares donde pueden vivir una experiencia emocional determinada. El problema es que la mayoría de la gente no sabe cómo escuchar señales corporales y solo se centra en la razón, el miedo o las expectativas sociales.

Si una persona se desplaza a un área donde aumenta su tensión interna, corre el riesgo de encontrarse en el epicentro de cataclismos. Al contrario, una elección consciente del lugar basada en las sensaciones corporales puede literalmente salvar vidas. Tyasto cree que en los próximos años, la capacidad de sentir tu condición será más importante que cualquier pronóstico o mapa de riesgos.

Un futuro que puede cambiarse.

Tyasto enfatiza que 2026 será el punto de fortalecer todos los procesos. La Tierra seguirá siendo purificada, y las decisiones de cada persona importarán. Donde algunos serán arrastrados por una ola, el sol brillará para otros. Todo depende de si una persona está preparada para escucharse a sí misma y dejar de acumular una descarga interna, esperando a que se manifieste en el mundo exterior.

Denis Tyasto señala la inestabilidad de las regiones del Anillo de Fuego del Pacífico: California, Alaska, Japón, Indonesia, Filipinas y Chile, donde pueden aumentar los terremotos, tsunamis y anomalías climáticas. También siente una mayor tensión en las grandes áreas metropolitanas de Norteamérica y Europa, donde los riesgos se asocian con fracasos provocados por el hombre y el agotamiento social.

Por separado, habla de las regiones de conflicto crónico y la expectativa de guerra: Europa del Este, Oriente Medio, el Cáucaso. El sur de Asia, el norte de África y partes de Australia siguen siendo vulnerables al clima debido a distorsiones meteorológicas extremas.

Adella