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08 diciembre 2017

LA ENERGÍA SEXUAL Y LA NOCIÓN DE 'PECADO'. (Mensaje del Maestro Jesús)



Una vez más, el Maestro de Maestros, el Maestro de Amor y Compasión, Jesús de Nazaret, nos entrega una gran enseñanza acerca de una de las facetas de la vida de los hombres y mujeres de la Tierra. Una faceta no muy bien comprendida a lo largo de toda la Historia de la Humanidad: ¡la sexualidad! 

Prestemos un poco de atención a cada palabra, cada frase, cada párrafo..., y desde el comienzo del texto comprobaremos, que nadie más podría expresarse con esa sencillez y sabiduría sino el Maestro de Maestros, Jesús de Nazaret. El texto que viene a continuación procede del libro "Por el Espíritu del Sol"...
M.

"Amigos, os pregunto quiénes son esos hombres y mujeres que han sido llamados santos y santas y que a veces han pasado una parte de su vida huyendo del sexo opuesto tras las murallas de un monasterio por miedo a "caer". Pero, ¿a caer de dónde? Caer del cerco levantado alrededor de su persona, caer del cerco de un dogma en el que mi corazón tiene muy poca cabida.

Las nociones de deseo culpable, de pecado, sólo se instalan en las conciencias moldeadas por el temor a alguna autoridad dualista.

Es verdad, el Creador de toda Vida, mi Padre, el vuestro, ¿acaso es arquitecto de dualidad? Es el gran generador de libertad, es decir, de amor, de puertas que se abren sin cesar. No debéis poneros en guardia contra el deseo carnal, sino contra todo deseo que esclavice, que cree una pulsión dominadora, que engendre y afiance en el alma y el cuerpo un automatismo primario difícilmente controlable.

La unión de los cuerpos, siempre que sea una unión de almas y no la simple repetición de un reflejo vital, se convierte en un acto sagrado, tanto como una celebración dedicada a la Luz universal. 

Todos los que han seguido mis pasos por los caminos de Palestina no se alimentaban de las prohibiciones que el paso de los siglos y las inhibiciones de unos pocos han desarrollado. Han vivido vidas de hombres y mujeres con todo lo que eso implica, sin tener vergüenza de sus cuerpos.

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Ninguna de las funciones de un templo es vil, por poco que el amor habite cada una de sus habitaciones. Todos los clérigos de vuestro mundo deberán admitir esta verdad en el amanecer de la Era que se anuncia; será una necesidad si no quieren asistir a su propia disgregación.

No afirmo que el acto de la carne sea imprescindible para cualquier vida equilibrada, ya que hay seres cuyo camino no lo reclama. Simplemente, afirmo que el alma que se inflige una frustración por obediencia a un principio mal comprendido es un alma que comete una falta contra sí misma.

Al hacerlo, desarrolla una energía de insatisfacción que se va a grabar en sus cuerpos sutiles y que volverá a surgir en una existencia ulterior, tal vez bajo la forma de una pulsión aguda difícilmente controlable.

Así pues, la paz debe regir todas las cosas, amigos... Un ser que veja en sí mismo la realidad de su fuerza sexual y que la proscribe en función de un ideal siembra indefectiblemente en su alma las semillas de un gran conflicto. 

La única castidad que debe importar a los enamorados del Amor es la castidad de la conciencia. Ése es el pasaporte absoluto del ser que vuelva hacia su Esencia.


La serpiente de la que desconfiáis en cuanto emprendéis una búsqueda espiritual hunde sus raíces sobre todo en los corazones crispados; se alimenta de ellos y se sacia también con los frutos de la imaginación que levanta barricadas falaces.

Algunos pretenderán que la fuerza sexual ha sido considerada despreciable por la mayor parte de las Iglesias para reducir el número de abusos y excesos. En verdad, no es así en absoluto. El hombre que sigue vibrando únicamente al ritmo de sus pulsiones no las ve decrecer por el mero hecho de las prohibiciones.

La puerta que se cierra llama necesariamente al ariete que querrá derribarla. La prohibición erigida en ley arbitraria engendra siempre al transgresor. Es ella quien aprieta el nudo hasta el punto de darle la complejidad de un verdadero problema.

Os lo repito: el acto de amor físico es la primera condición de toda vida en vuestro tipo de universo, está presente hasta en la Ola de Vida actual. Rehuirlo deliberadamente viene a ser negar uno de los aspectos de la voluntad del Gran Todo. Viene a querer decir: "Padre, amo tu Creación, salvo...". Es mantener una restricción más respecto al orden del Plan de Luz. 

La Vida no quiere más censura ni vuestra alma tampoco; es su primera condición para respirar. El poder de Vida debe aprender a regularse por sí mismo a través de cada uno de vosotros, que tenéis la tarea de descubrir las leyes del equilibrio divino.

Escuchadme bien ahora, hermanos, ya que hasta ahora me he limitado a presentaros un aspecto de las cosas en este campo. Lo hago para barrer dos milenios de mala comprensión, de prohibiciones y de impedimentos, pero también quiero que podáis comprender aquí que la experiencia sexual no es necesaria para todos en cada existencia. 

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Hay tantos itinerarios como seres. La "normalidad" no reside en mayor medida en la vida de pareja que en el celibato. Toda norma es una invención terrestre, producto pasajero de las reglas del juego de un tipo de Humanidad.

Sin embargo, si el término os gusta, entonces os diré que la única norma que hay que perseguir se llama equilibrio, y el equilibrio se resume ante todo en el hecho de estar bien ubicado en el alma y en el cuerpo.

El ser que sabe estar en paz en su interior se mantiene siempre en comunión con lo Divino, aunque ignore su nombre. Explora la felicidad y, al conocerla, no puede sino transmitirla a los demás. Entonces poco le importará ajustarse o no a un modelo social, pues verá a primera vista por dónde pasa la línea recta de su vida.

Si vuestro camino es el celibato, reconoced serena y simplemente en esa situación una elección que habéis hecho antes de venir a este mundo, y después vivid plenamente esa elección, pues os es necesaria en vuestro camino hacia la perfección. No obstante, no convirtáis al celibato en un signo de mayor madurez ni en un pretexto para sentiros "incompletos", porque obedece únicamente a una necesidad que no significa nada de lo que podáis sacar ninguna conclusión apresurada.


Os lo afirmo y lo afirmo ante todo a quienes se imponen el celibato por afán de progreso espiritual: ninguna abstinencia sexual impuesta ha hecho nunca crecer el espíritu. Cuanto más, tiene la propiedad de reforzar en el hombre su voluntad..., pero ¿a costa de cuántas tensiones?

La energía sexual es, por su esencia, totalmente análoga a la energía espiritual. Se vive como un impulso de las fuerzas de la base hacia las de la cumbre que la llaman. Resulta de la unión de dos corrientes, una receptora, otra emisora, cuyo objetivo es la aparición de un estado de plenitud. Por lo tanto, vedla como la prefiguración del poder que os arrastrará hacia las esferas de Luz.

Aunque eso pueda chocaros, comprended que el éxtasis místico no es sino un orgasmo del alma que consigue elevarse hacia esferas de infinita Luz. Por consiguiente, no envilezcáis el esbozo de aquello que todos estáis llamados a descubrir. No lo convirtáis tampoco en la panacea que, mezclada con algún principio oculto, puede convertirse en un pretexto de satisfacciones primarias.

Cuando os digo que la fuerza sexual es semejante a la energía del espíritu, evidentemente, eso sólo se concibe en un contexto de amor total. Todo lo que es fingido participa en la disgregación del ser. 

El que se limita a satisfacer pasiones y quemar sus apetitos se parece al sacerdote o al devoto que simula las ceremonias y se pierde en oraciones muertas. Creyendo explorar la libertad y conformarse con una imagen que complace a algunos, es ante todo esclavo de un automatismo que poco a poco le vacía el corazón.

Muchos hombres y mujeres adoptan una regla de vida así por reflejo de huida y no por filosofía personal, como les gusta decir. Al huir del apego a un alma-compañera, esquivan las posibilidades de encontrarse de frente con sus propias debilidades: se baten en retirada ante cualquier compromiso, probable revelador de sus limitaciones. Asimismo, ¿cuántos adoptan una actitud semejante por simple conformismo, es decir, por sumisión a una moda que legitima las pequeñeces del alma, disfraza sus temores? 

Amigos, no veáis en esta constatación el fermento de alguna noción moralizadora. Mi corazón os lo ha dicho siempre: el Sol que me anima no necesita para nada lecciones de moral, y el Sol que quiero que desarrolléis en vosotros tampoco tiene nada que hacer con ellas. 


El único objetivo que nos debe movilizar es la plena eclosión de la llama de Vida. Esa llama la hemos recibido todos, y también vosotros la habéis recibido con el mismo derecho y en la misma proporción que vuestros Hermanos de los Mundos de Luz; y la llevamos plenamente en nuestro pecho, tras nuestros párpados y hasta en la yema de los dedos. ¡Las lecciones de moral son tan insípidas frente a su proposición de paz!"


("Por el Espíritu del Sol" - A. y D. Meurois-Givaudan)
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