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04 febrero 2016

¡El mayor disolvente kármico que podáis imaginar!

Amar a los demás, amigos, es abrir los viejos recuerdos dormidos y volver a conectarse con ellos, desempolvarlos y allanar los antiguos conflictos.  El amor será siempre el mayor, el más total e instantáneo disolvente kármico que podáis imaginar.


"Al cabo de vuestra memoria, sois todos un solo ser que ha imaginado la diseminación como forma de beber la vida a mayores tragos.  Os lo repito, si estoy aquí, es porque ha llegado la hora de levantamos y de reencontrar el equilibrio a fin de no caer en la vía de agua que habéis creado.

El otro, el que os sonríe o que por el contrario os lanza alguna flecha, os ofrece siempre una manera de reconciliaros con vuestra memoria, de poner remedio al peso de vuestros recuerdos sepultados, ya que, invariablemente, será el reflejo de lo que os hace falta en ese mismo segundo.  Reconoced que lo que os hace falta no es necesariamente una caricia; puede ser también la quemadura del alcohol que ataja la infección.  

Los hombres y mujeres que vuestro "karma" os hace conocer tienen ese rostro y esa función.  Algunos os proporcionan el bálsamo reclamado por vuestro cuerpo, otros ejercen una fuerte presión con el dedo justo por donde vuestra alma es aún demasiado frágil.  En verdad, son quienes mejor hacen vuestro diagnóstico, vuestros mejores terapeutas, ya que son vuestros barómetros más perfectos.  

Más allá de vuestro universo de dualidad, comprended que lo que reviste la apariencia de obstáculo y de enemigo es en realidad un amigo al que el destino disfraza porque os pone frente a vuestra propia imagen, con un cincel de escultor en la mano a fin de desbastar siempre un poco más.

Por lo tanto, amigos, la mayor parte de las cosas y de los seres que encontraréis en vuestro camino sólo se imprimen en vosotros en función de la calidad de la mirada que les dirigís y que los vuelve nobles o viles para vuestros corazones.  Incluso el que tortura es digno de compasión y quizás él más que ningún otro, porque su memoria se ha quedado inmovilizada.  Evidentemente, lo que anuncio aquí chocará con la moral de vuestras sociedades... 

¿Cómo se puede sentir razonablemente compasión hacia ciertos seres que se han comportado como grandes fuentes de horrores y de injusticias?  A lo cual, contesto: ¿cómo se puede pensar razonablemente que la respuesta del odio proporciona la armadura y la curación que la humanidad cree necesitar?  Hace millones de años que escogéis esa opción, y que, invariablemente, el mismo escudo sigue llamando al mismo lanzazo. 

¡No he vuelto entre vosotros para conformarme a las morales ni a su lógica!

Y, sin embargo, hay una lógica que los hombres de la Tierra, hermanos, aún no tienen bastante fuerza para experimentar.  El nombre de esa lógica es el "perdón", y su obstáculo el "orgullo".  

Con ella es como se puede resolver esa ronda aparentemente infinita a la que llamáis "karma".  No obstante, el perdón, el mío y el de todos mis hermanos de Luz, no se puede comparar con una especie de olvido de las diferencias, que con frecuencia se parece a una tregua; tampoco es una especie de concesión que uno se digna a hacer al otro.  Os lo pido como un don completo y absoluto, a imagen de un perfecto abandono de todas vuestras rigideces y de todos vuestros rencores.  

No se bebe de su copa a medias, ni se ofrece medio llena.  Ved en él lo que abolirá vuestras servidumbres.  Aprended pues a perdonar como quisierais que se os perdonara, es decir, sin reservas.  Y, entonces, dejad de hacer del perdón un acto mercantil.  No se perdona "con la condición de que...". El perdón requiere grandeza y, por eso mismo, abandonar todas las reacciones pusilánimes.
No me contestéis: "Todo eso es difícil, es una reforma accesible al entendimiento, pero su aplicación es tan compleja...".


A causa de tales reacciones, el inmovilismo consigue perdurar en vosotros.  Ya no tenéis derecho a esperar creyendo que algún mesías vendrá a resolver vuestros problemas y vuestras ambigüedades.  Ya no tenéis derecho a hacerlo porque la humanidad en su conjunto ha superado esa edad.  Tenéis que salir definitivamente del infantilismo, hábil artífice y artista de las excusas.

Si mis hermanos, y yo mismo, no os creyéramos capaces de enderezar el timón de vuestra nave, ¿para qué íbamos a estar en este planeta? ¡Ya no cabría sino dejar que su humanidad haga implosión, saturada de sí misma, de sus suficiencias!  Pero la cosa es muy distinta. Incluso en los abismos del desaliento, seguís siendo una fuerza de amor y de voluntad.  

Por eso quiero caminar a vuestro lado, y por eso tenéis que oír hablar a vuestro corazón a través de los latidos del mío."

"Por el Espíritu del Sol"



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