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27 julio 2017

Sanamos cuando empezamos a comprender.


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El ser humano es milagroso en cuanto que puede transformar su pasado. 

Pero al pasado hay que leerlo en otro código, interpretarlo en el código del amor, y cuando interpretamos el pasado en el código del amor, nuestras heridas se sanan. 

Y así podemos sanar nuestra vida, esos dolores a veces absurdos que cargamos sin ni siquiera reconocer que existen.

La enfermedad es mi problema, no es el problema del médico, es mi responsabilidad. 

La medicina de la consciencia, es el arte de responsabilizarnos de nuestra vida y descubrir que realmente podemos hacer mucho por nosotros.

El terapeuta no es quien sana al paciente. 

El terapeuta es un imán que le transmite la carga que su alma necesita.

Realmente, la sanación es recuperar la autonomía y la libertad para sanarse a uno mismo. 

El terapeuta muestra las herramientas para que tú, desde tu consciencia, te sanes, desde tu amor, desde tu comprensión.

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Frecuentemente en las terapias, ocurre que la persona, aunque no le haya dicho ni una palabra al terapeuta, empieza a llorar y afloran emociones, luego siente una sensación de paz, es la paz del Cristo que también habita en cada persona. 

La paz está ahí, ha estado siempre ahí, es parte de nuestra esencia.

Se trata simplemente de quitar todos aquellos apegos, aversiones, emociones, separatismos, toda aquella capa de ignorancia, para que la paz se revele tal cual es. 

Cuando la paz se revela, germina el amor y cuando germina el amor la sanación es posible.

Pero no te culpes si no lo logras.

Eso no es un fracaso.  A veces aprendemos la lección a la primera, otras veces necesitamos diez oportunidades y otras necesitamos cien vidas tal vez, pero lo importante es comprender el "para qué" de la enfermedad, cuál es su mensaje. 

Cuanto más grande sea el desafío, mas grande es la oportunidad de crecimiento. 

Es necesario identificar nuestras emociones, aceptarlas, no seguir huyendo de ellas, y así poder transmutarlas.

Pero una vez que identificamos la emoción, hay una pregunta fundamental: ¿Cuál es la lección que hay debajo de esta emoción? ¿Cuál era el mensaje que me quería transmitir esa actitud y esa enfermedad?

Cuando consigo transmutar la ira, esa ira se vuelve sanadora.  

Es así, la ira es una forma de energía que se puede transmutar físicamente. El hecho de que la transmutemos físicamente, no resuelve la fuente de la ira. La fuente de la ira es la necesidad de afirmarnos y la necesidad de afirmarnos es la necesidad de renunciar a la falsa complacencia.

Crecer espiritualmente no es decirle que sí a todo el mundo. 

El crecimiento espiritual no tiene nada que ver con ser complaciente, porque ser tolerante no es ser débil. 

La tolerancia es parte del crecimiento espiritual.

Así que tengo que descubrir la lección, debajo del evento negativo, porque el evento negativo no es sino la apariencia, la sombra.

Pero. esa sombra cuando la quito, abre una puerta de luz, un aprendizaje en mi vida.


Dr. Jorge Carvajal.


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