
LA MUERTE NO ES MÁS QUE UNA TRANSICIÓN.
"La muerte no tiene más importancia que el nacimiento. Ambos poseen igual significado. Son simplemente la transición de un cuerpo a otro; del físico al astral o del astral a físico.
Eso es todo. Aunque el Hombre quizá pueda entender la transición de nacimiento, que es de lo desconocido a lo físico, que él entiende, le resulta más difícil comprender la transición de lo físico a lo desconocido.
Por eso, el Hombre acepta el nacimiento y su significado, pero no puede hacer lo mismo frente a la muerte. Piensa en la muerte de un modo distinto que no depende sólo de la evolución individual de su alma, sino también, de sus emociones; pues la muerte es un asunto emotivo.
¿Qué otra cosa es la muerte para el Hombre de hoy sino una conmoción de las emociones, un miedo a la pérdida, un sentimiento de piedad para consigo mismo y para aquellos que están muriendo o van a morir? Si el Hombre entendiera el verdadero significado de la transición y comprendiera que es meramente un acto de la Ley Natural, la muerte no despertaría esos sentimientos emotivos. Como algunas personas consideran que la muerte es un fin, y no una transición, piensan en lo que significa para ellas desde su centro emotivo.
Cuando alguien está muriendo piensan que van a perder a esa persona para siempre y que nunca la verán de nuevo, que la vida no será la misma cuando esa persona haya muerto, que van a estar separados para siempre y que el modo de vida que él y el muerto llevaron en el pasado no podrá ya continuar.
El miedo a la muerte es básicamente una emoción egoísta, pues ¿qué otra cosa se ocupa de la muerte sino el "yo"? Es el pequeño "yo", el ego, quien piensa en cómo cambiará la vida cuando alguien ha muerto. «¿Cómo cambiará mi vida?», se piensa al enfrentarse a la muerte de un amigo o pariente.
Quizá se sienta pena no porque ellos están muriendo y cambiando de cuerpo, sino más bien porque no estarán ya a nuestro lado y cambiará un modo de vida. Incluso cuando muere alguien que no nos gusta, a quien odiamos, seguimos considerando la muerte desde el mismo punto de vista: «¿ Cómo me afectará?» Como ya dije, ¡el nacimiento y la muerte tienen igual significado!
No debería preocuparte más que el ir a dormir todas las noches y despertar por las mañanas. Cuando vas a dormir, mueres. Cuando despiertas, naces. Todos los días son una vida.
Es así de simple, sin mayor significado. El Hombre teme a la muerte ante todo porque carece de espiritualidad y también por el modo en que conduce su vida y trata a sus compañeros. Si el Hombre no acepta que su vida sobre la Tierra es simplemente un viaje entre una forma de existencia y otra, sino que piensa que sólo está aquí por unas breves decenas de años y que después perece para siempre, entonces la importancia de su vida y los valores que la rigen han de ser necesariamente diferentes.
Si piensa que ésta es su única vida, tratará seguramente de obtener el mejor partido de ella. Pensará que una vez que alguien ha muerto y se ha ido de su vida, se habrá marchado para bien, y que no hay necesidad de pensar más en esa persona. Por tanto, por su mismo concepto de la muerte, el hombre ajusta sus ideas sobre la vida.
Si el Hombre no es consciente de la Ley Natural, conducirá su vida fuera de ella, y aunque ésta le afecte no será consciente de ese efecto. Lo niega porque no lo ve y no lo reconoce.
La muerte, por tanto, es una transición. Para muchas de las almas menos evolucionadas es el principio de las vacaciones tras haber ido a la escuela. Han ido a la escuela en la superficie de este planeta y ahora tienen vacaciones; descansan de sus trabajos para considerar lo que han experimentado mientras estaban en la escuela, para organizar y determinar en sus mentes lo que han aprendido y descansar antes de volver a la escuela para aprender más lecciones.
Ahora, no hay posibilidad de convencer a nadie que venga pidiéndote pruebas de que hay vida después de la muerte. Es algo que no podrás probar a nadie, pues tal prueba es imposible.
Lo que sabes lo sientes desde tu propia conciencia anímica, y si la conciencia anímica del Hombre que está ante ti no ha avanzado hasta el punto de que puedas considerar la muerte bajo su verdadera luz, nunca le convencerás de que hay vida después de la muerte. No apreciará lo que ello implica.
No pierdas, por tanto, tu tiempo en discutir con quien desee argumentar en contra de la vida después de la muerte. No tiene sentido. O bien sabes que existe, o bien no.
No es tu tarea convencer a ninguna persona. Ese descubrimiento debe proceder del interior. Lo que sí puedes hacer, sin embargo, es invitar a una persona a que considere que si cree que hay vida después de la muerte, entonces la vida física, ¡deberá tener un propósito! Si ha de vivir, después de morir, es que hay otros planos de existencia; debe haber un significado mayor en la vida. Esto afectará, seguramente, al modo en que conduzca su vida actual.
Dejémosle considerar que sus pensamientos, sus palabras, sus acciones quedan inscritas para siempre, y que lo que ha hecho o dejado de hacer, afectará no sólo a su vida en su cuerpo físico, sino también a otros planos de existencia después de su muerte".
por Hernán-Grupo Ramala
"La Revelación de Ramala"
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