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04 octubre 2018

Reflexiones sobre la Vida y la Muerte.

¿Miradas perdidas? ¿Dónde eleva la mirada que hasta de la ancha mar despega? Se alarga la lista de “olvidos”. Los whatsapps entre los hermanos son una lista cada vez más larga de las cosas que ya no recuerda.

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Tomando conciencia del proceso.

Los queremos aquí y sin embargo ellos/as ya están partiendo. Los queremos con los mismos rostros, con nuestras mismas preocupaciones, con nuestros mismos nombres y etiquetas…, sin embargo empiezan a no estar. Empiezan con sus silencios, con sus miradas aparentemente perdidas a decirnos que hay otros mundos, que por favor no nos apeguemos a éste. Empiezan sólo a aletear, para cuando llegue la hora del vuelo, nosotros alcancemos a comprender que hay otros otros cielos, otras moradas.

¿Perder memoria o ganar Recuerdo?

No debieran mediar alarmas, ni preocupantes visitas al médico, cuando se trata de ley de vida. ¿O es que olvidan lo esencial? Cuando el “disco duro” y los “bytes” van mermando, cada quien es muy libre de ordenar su memoria a su voluntad, no precisamente a la nuestra. ¿Y si en vez de perder memoria ganarán en el Recuerdo verdadero, en el rescate de lo que en verdad importa? La memoria ajena es sagrada, aunque nos pueda parecer ya frágil, ya antojadiza. No recordarán precisamente a nuestro criterio. Olvidarán el recuerdo de nuestros pueblos, de nuestra compañera, de nuestros amigos y caminos… y devolveremos sonrisa por respuesta. No deberemos cargarle con el peso de nuestras memorias.

Despidiéndose poco a poco.

Nuestra alma o conciencia tiene dos amarres al cuerpo físico. Tenemos el hilo de la vida en el corazón y tenemos el de la conciencia en el cerebro. Se pueden soltar juntos y producirse la desencarnación, o puede anteceder el paulatino desanclaje del de la cabeza, con lo cuál el cuerpo permanece, pero el alma comienza a aletear y sobrevienen los olvidos. Los humanos ponemos nombres muy raros a fenómenos muy sencillos, alzheimer, demencia senil… y ellos lo único que quieren es partir despacio, despedirse de a pocos, empezar a agitar con suavidad pañuelo blanco.

Comprendiendo la muerte.

Podamos comprender la muerte y no rechazarla, podamos desapegarnos del mundo de las formas con cada vez menos dolor, podamos no retenerles, ni inundarles a pastillas… Podamos ir con ellos de otra forma más callada, más recogida e interiorizada, más esperanzada. Podamos abrazar la muerte, la que llega de repente y la que se acerca despacio y de puntillas. Podamos desprendernos de nuestras anquilosadas creencias. Podamos ya de una vez abrazar una vida que no conoce final.
El universo no es tan grande como lo pintan cuando media el amor. Siempre la reconoceré, su Presencia jamás olvidaré. El agradecimiento no mermará jamás. Su lección permanecerá conmigo. Ya conozco su cuerpo anciano y ajado, ya lo he bañado con la esponja perfumada. Un día la Vida en el más allá nos ofrecerá la oportunidad de renovar nuestro vínculo, de que ella se manifieste joven, lozana, como cuando la persiguió un hombre tan tímido como noble que no descansó, que sufrió todas la penalidades hasta verla caminar asida de su brazo hacia al altar.
Siempre la reconoceré, pues el Dios todo amor, no podría permitir que los lazos de verdadero amor y agradecimiento duraran menos que la eternidad.
Ediciones Isthar Luna-Sol

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